El tiempo no cura nada. Si así fuera, todos estaríamos sanos por cumplir años.
Seguro lo escuchaste mil veces: “Dale tiempo al tiempo”, “El tiempo lo cura todo”. Como si los meses fueran una especie de cirujano que viene a cerrarte las heridas mientras vos mirás alguna serie.
Tengo una noticia: el tiempo, por sí solo, no cura nada.
El tiempo no hace nada por vos. Avanza, estés eufórico o en medio de una crisis de angustia total. No negocia, no frena, no te pide permiso. El segundo se va a mover exactamente igual.
El problema es que cuando nos dicen “dale tiempo”, nos invitan a la pasividad. Nos sientan en una sala de espera eterna a ver si el dolor se evapora solo. Pero el dolor no se evapora; se acumula, se transforma o aparece por otro lado.
El tiempo es el escenario, pero no es el protagonista.
El espacio: tu verdadera soberanía
Acá es donde la cuestión se pone interesante y donde en la terapia metemos el bisturí.
A diferencia del tiempo, el espacio es operable. El espacio no es algo que “pasa”, es algo que se construye, se da o se quita.
Fijate la diferencia:
Habitar vs. esperar
La posibilidad de desarmar parte de nuestra neurosis no ocurre porque pasen los meses. Ocurre cuando empezamos a habitar el espacio que el tiempo, inevitablemente, va abriendo.
Esperar es quedarse quieto mirando el reloj. Trabajar es decidir qué lugar va a ocupar cada cosa en tu vida hoy. Es dejar de ser espectador de tu propio sufrimiento para convertirte en alguien que interviene sobre lo que le pasa.
Cuando me toca trabajar en el consultorio, no se trata de pedirle a alguien que espere a que el almanaque le dé permiso para estar mejor. La propuesta es otra: abrir espacio, ordenar, mover, y a veces tolerar lo que aparece.
El tiempo va a pasar igual. La diferencia es si lo usás para construir algo… o si te quedás esperando que algo cambie solo.
Lic. Gonzalo Nicolas Saez Miraldo